jueves, 20 de marzo de 2014

El mejor viaje

Hace casi tres semanas que estamos lo más lejos que se puede de la calle Ambrosetti, del Parque Centenario y de la vida cotidiana. Hay más lejos capaz, pero es prácticamente viajar al espacio.

El tiempo que pasó desde que nos tomamos el taxi que iba temerario por Richieri a Ezeiza a 160 no fue tanto. Pero  hicimos tantas cosas, fuimos a tantos lugares y nos tomamos tantos trenes que se siente como bastante más.

El tiempo está transcurriendo de una manera extraña. Acá no es como todos los días. Los días Allá.

Ya no podemos culpar al jetlag, sin embargo nos despertamos un poco cansados y bastante temprano. Será el cuasi colchón arriba del tatami, o las ventanas con papel de arroz que no filtran la luz. No podemos saber. Nos despertamos temprano y aprovechamos para tomar un tren que siempre llega en horario para ir a algún lugar.

Y siempre podemos viajar a algún lugar nuevo. Tokio es gigante. Buenos Aires no se queda atrás. Allá y Acá te podes subir a un tren o a un bondi, andar hora y media y seguir viendo una ciudad por la ventana. La diferencia, una diferencia, es la magnitud de las cosas. Acoyte y Rivadavia  es una esquina de pueblo al lado de los centros de Shibuya o Shinjuku. La cantidad de carteles, tiendas, edificios (tiendas que son edificios), cosas que hablan y/o destellan no tienen comparación. Y no es solo en esos dos lugares. Al lado de tantas estaciones Acá se aparecen estos Corrientes y Callao hipertrofiados que da la sensación de que Allá es todo muy muy chico. No hay comparación justa. O al menos cualquier cosa que pueda escribir no le va a hacer justicia. En Ginza hay un edificio de Sony. En Cabildo y Juramento también. Pero no es lo mismo. 

Igual nos vamos acostumbrando. Ya no le sacamos fotos a todas esas luces. Las mega tiendas edificio shopping con 8 pisos de un solo rubro no intimidan como antes. Cuando combinamos de un tren a otro nos movemos entre los locales sin caras extrañadas. Aunque acá tengamos caras extrañas. Caras de turista, literalmente.

Son vacaciones. Mientras estemos Acá es mandado disfrutar. Y por las demás entradas de este blog  uno podría pensar que este viaje es puro disfrute. Y seguramente lo recordemos así toda la vida (por eso lo hicimos supongo). Es que este viaje va a ser cada vez mejor. Cuando se termine seguramente va a ser el mejor viaje que hayamos hecho. Cuando se termine.

Mientras la realidad a veces es un poco más gris. Como los días que pasamos caminando bajo un paraguas en Tokio, y hacía frío y teníamos los pies mojados y más ganas de meternos en algún lado que de recorrer pero había que aprovechar, para que después nos acordáramos. Como Kanazawa y Takayama, donde el frío nos corria hasta el hostel ni bien se hacía denoche. De las cosas que fueron un garrón seguro no nos vamos a acordar tanto. Nos manejamos. 

Con el tiempo es casi natural ser un analfabeto. La mayoría de los textos no lo podemos leer. A los que nos atienden les pedimos las cosas con el dedo, porque no les sabemos hablar. Hasta cuando hablamos en inglés, nos sale rústico. Una palabra corta y clara, generalmente mal pronunciada. No es inglés, es un idioma que no existe. Inglés japonificado como nos parece. Uno pensaría que no, pero funciona. Somos como niños.

La comida sigue siendo una parte difícil, y entre el hambre y comer siempre se meten preguntas básicas. Ya tenemos un par de opciones conocidas para resolverlo, pero no conseguimos lo que nos gusta de Allá. Algunas comidas de Acá que se parecen, pero terminan teniendo otro gusto. Es igual, pero todo distinto.

No hace tanto que estamos Acá. Sin embargo el día del vuelo se acerca y lo venimos anticipando. Tenemos ganas de que este sea el mejor viaje que hayamos hecho. Para que sea así es necesario irnos. Los días que quedan hay que aprovecharlos antes de que llegue el próximo lunes. Ese día vamos a poder coronar el viaje y decir que estuvo genial, que fue puro disfrute. Mientras, Acá llueve y hace frío y no da para salir. Lo dejamos por escrito, sino no nos vamos a acordar. 


2 comentarios:

  1. como dirían los orientales de sudamerica: vamo' arriba! hermoso viaje, hermosas fotos, hermosas historias!

    ResponderEliminar
  2. Viajando uno aprende, comparte y se enriquece. Feliz regreso, duerman mucho. Besos desde Budapest.

    ResponderEliminar