jueves, 27 de marzo de 2014

Día 20 – Jardines de Tokio, hanami, despedida.



Hoy nos vamos de Japón, dejamos para visitar el último día algunos parques y jardines, porque ese tipo de paseos resultó, a lo largo del viaje, de las cosas más lindas que hicimos, así que quisimos terminar nuestra visita de esa manera.

Estamos contentos, ansiosos, cansadísimos.

Nos levantamos temprano, desayunamos y nos subimos al tren. Ya nos sabemos de memoria los anuncios que hace el altavoz, en japonés.

Nos bajamos cerquita, en Shimbashi, para ir al Hama-Rikyu, unos jardines que las guías dicen que son muy lindos, tienen, por supuesto, cerezos, una plantación de  peonias y muchas otras cosas que ahora no están florecidas; sin embargo, a penas entramos nos sorprende un resplandor amarillo, toda una parcela sembrada con colza.

El parque es realmente muy lindo, uno de sus costados da al río, tiene desniveles y muchos caminos para recorrer, lagos internos (conectados con el rio) y algunas islitas. Lo más interesante es como contrasta la tranquilidad y el ambiente natural del interior, con los edificios del centro de Tokio, que se mantienen presentes en todo momento.
 Lo recorremos todo, hay algunos contingentes de jubilados japoneses. Paramos en un puestito y nos compramos unas papas estilo pringles y finalmente (porque no podíamos irnos de Japón sin probarlar), la fanta de uva. No está tan mal, es decir, es fanta de uva, qué se le puede pedir.

Volvemos a la estación, para bajarnos, no tan lejos, en Tokio Station, vamos a visitar los jardines orientales del palacio imperial (los únicos que están abiertos al públicos), saliendo de la estación el espacio es muy abierto aunque hay algunos edificios altísimos, nos acercamos al palacio, está rodeado por un gran parque de césped, pinos y grava, donde van las personas a correr y andar en bicicleta. El sol se hace sentir y la caminata es larga, muy larga, sólo vemos muralla y foso. Cada vez que encontramos una puerta, está cerrada.
Tokio Station
El pedacito de palaci imperial que se ve desde afuera

Después de un rato por fin llegamos a la puerta este, el jardín está dividido en dos, sin pensar mucho, elegimos por dónde empezar y comienza nuestro recorrido, en seguida nos decepciona un poquito, hay mucho césped (seco en esta época) algunos pinos y muuuucho camino de grava rodeado de muralla, a nuestros ojos no tiene mayor encanto y además tenemos calor.

Pensamos que sin duda la familia imperial se guarda los buenos jardines para su contemplación y le deja a la plebe uno no demasiado interesante.

Terminamos de recorrer ese sector y pasamos al otro, la cosa mejora bastante, mucho. Disfrutamos del recorrido aunque ya estamos cansados de caminar, nos sentamos un rato, miramos una cascada, un puente, las plantas. Seguro es todavía más lindo en primavera/verano, con todos esos rododendros y lirios, pero igual está bastante bien.


Salimos por la misma puerta por la que entramos y volvemos a la estación, justo llegamos a subirnos a un tren rápido así que en quince minutos estamos en Shinjuku, tenemos hambre así que empezamos a buscar dónde almorzar, caminando por la calle principal, que como es domingo, es peatonal.

Entramos a un lugar, resulta que venden puramente tempura, así que pablo se pide un plato y yo me aguanto al hambre hasta que salimos y me compro una de esas empanaditas y una pieza de pollo frito en un Family Mart, riquísimo.

Vinimos a Shinjuku porque pensamos que el Shinjuku Gyoen se merecía otra visita, vinimos bajo una lluvia bastante dura y así y todo fue nuestro jardín preferido, así que volvemos hoy, que hay sol, y es domingo, y ya es (por calendario) primavera.

Entramos y pensamos una cosa: “menos mal que vinimos ese día que llovía!!”. Hay muchísima gente, así que nos gusta saber que podemos apreciar el lugar en dos situaciones tan distintas.

Cerca de la puerta hay un árbol de magnolias increíbles, parece nevado.



Seguimos caminando, en el parque hay gente haciendo picnic, jugando con pelotas, muchas personas mayores, muchos niños, muchos señores con súper cámaras de fotos, muchas parejitas.
"La pasarela es para no pisarle los cosos al ciprés pelado" - Pablo

Neumatóforos al por mayor
Como la nevada ya quedó lejos hay partes del jardín que cuando vinimos la otra vez estaban cerradas y ahora están abiertas, así que también podemos ver cosas nuevas.

Después de caminar un rato encontramos un Sakura que ya floreció y muchíiiiisima gente sacando fotos, realmente son en extremo fanáticos del hanami.


 
Donde fueres, haz lo que vieres

Como los parques cierran temprano (a las cuatro y media) no falta mucho para que nos tengamos que ir, apuramos un poquito el paso, vamos a un lugar que nos gustó la otra vez. Cuando llegamos, los parlantes empiezan a anunciar que en algunos minutos será hora de cerrar, que tengamos todos nuestros efectos personales con nosotros (qué forma amable de decirte que te vayas no?), hacemos caso omiso, pero no somos los únicos, y nos sentamos al borde de un lago, con una vista hermosa, a comer una especie de facturas que compramos en una panadería francesa de la estación. Nos acostamos en el pasto, y después del mismo anuncio, en los parlantes empieza a sonar música clásica. Seguimos un rato más, disfrutando de ese momento casi irreal, con la música de fondo, felices. Amamos nuestro último día en Japón.

Finalmente nos unimos a la gente que sale del parque y hacemos sólo una parada con el tren para volver hasta la puerta de Yoyogi park, donde se juntan los Cosplayers (muchachas y algunos muchachos, que se disfrazan como personajes de dibujitos animados), pero parece que ya es tarde porque no quedó ni uno, hace algo de frío.

Otra vez tren para acercarnos a Shimbocho, un barrio donde venden libros usados y cosas viejas, pero también llegamos tarde porque está casi todo cerrado, entramos a un par de locales pero entre nuestro cansancio y el apuro por cerrar de la gente, nos vamos enseguida con las manos vacías. Ahora sí, nuestros pies ya no dan más, nos volvemos.

Cuando llegamos nos ponemos a preparar las valijas para la vuelta y le avisamos a Koji que mañana nos vamos temprano, queremos saludarlo antes de irnos, agradecerle por todo. No está en su casa y vuelve tarde, pero nos invita a pasar, está Nami.

Como con ella no tuvimos mucho intercambio decidimos quedarnos en el departamento. Entre todo el acomodo que hay que hacer se nos hace tarde y sentimos el timbre, es Koji.

Charlamos sobre lo que estuvimos haciendo, él nos cuenta (personalmente porque ya nos había dicho por mensaje) que su gata falleció. Justo cuando llegamos nosotros se enfermó y estuvo muy mal unos días hasta que murió. Koji la tenía desde los once años, así que está triste.  Nos cuenta que le hicieron un funeral, que la cremaron y nos invita a ir a su casa a prender un incienso en su honor.

Sólo hay que cruzar la calle, caminar un poco y subir una escalera, ahí está Nami, con cara de sueño y tristeza. Al lado de la tele hay una cajita (con las cenizas, nos explican) y una foto de la gata, abajo en el suelo, una bandeja con incienso y un cuenco.

Koji nos explica que tenemos que prender incienso, hacer sonar el cuenco dos veces y después rezar. Así lo hacemos. Ellos nos cuentan cosas sobre la gata. Pusieron un peluche de un gatito en el lugar donde siempre estaba en el sillón, es todo muy triste.

A pesar de la tristeza, es un momento importante para nosotros, nos dejaron entrar en su casa, compartir sus creencias, estar con ellos en un momento que está marcando sus vidas. Nos dice Koji que su abuela no lloró cuando murió su abuelo, pero sí el otro día, cuando murió la gata.

Después de unos abrazos (sisí! Nos abrazaron!! Y son japoneses!!) y de agradecerles profundamente por todo, nos volvemos al departamento. Algo de su tristeza nos acompaña.
Terminamos de hacer las valijas, por suerte tenemos espacio suficiente para todo (GRACIAS JANIS Y TUTE), nos metemos en las camas y miramos Porco Rosso, pero no la podemos terminar porque tenemos sueño, a descansar.

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