Hoy no hay apuro a la mañana porque no tenemos planes
tempraneros. Desayunamos, nos bañamos y muy tranquilos salimos hacia Mitaka.
Llegamos en
el tren y atravesamos el Inokashira park; que es desde ahora, uno de nuestros
preferidos. Es grande, tiene muchos recorridos y su belleza se aprecia aun en
esta época (la mayoría se lucen con los colores de otoño con los sakura en
primavera). Damos un paseo alrededor del lago central, hay niños en salidas
escolares, gente sacando fotos, una señora pintando el paisaje. Comemos esa
especie de empanadita japonesa que tanto vimos en las series mientras caminamos
y nos acercamos a la hora de visitar el museo del Estudio Ghibli.
Al llegar
hay gente esperando para entrar, enseguida pasamos todos. La experiencia se ve
bastante afectada por las colas que se forman para ver las cosas y el bullicio
que produce la gente (y eso que es con cupos limitados). No se puede sacar
fotos dentro del museo así que no podemos mostrar mucho. El lugar es muy
bonito, sobre todo los vitrales. Hay para ver muchas cosas del arte y los
estudios previos a cada película, un pequeño cine donde pasan un corto hecho
especialmente para el museo (va cambiando según el día), juegos relacionados
con la óptica y los principios de la cinematografía y por supuesto un giftshop,
en el que sorprendentemente no compramos nada.
| única foto robada dentro del museo |
Volvemos a tomar el tren, pero en el camino, entre las calles de Mitaka, donde hay locales que venden ropa hindú y otros que sólo tienen cosas de gatos, nos encontramos una sorpresa.
Un poco perdiéndonos entre las callecitas y los miles de carteles llegamos a book off, donde los precios de los libros son geniales, así que armamos una decente pilita que nos llevamos muy contentos.
Después pasamos a Tokyu Hands, un edificio de nosécuantos pisos y entrepisos que tiene desde cosas para mascotas, pasando por modelos de maquetas, muebles para armar, artículos de mercería, hasta librería y algo de bicicletería. De todas formas, aunque el paseo es divertido, el que mucho abarca poco aprieta y nada nos sorprende demasiado.
Después de una cena rápida en un bar italiano que nos tentó con una oferta en el cartel de entrada que terminó siendo una vil estafa (no en términos estrictamente legales, pero sí a nivel personal y sentimental (¿?)), vamos al subte para llegar hasta el parque Komazawa, donde vamos a encontrar a los chicos de Tokyo Hardcourt Bike Polo.
Llegamos a la cancha y ya estaban jugando hacía rato, nos dan la bienvenida, todos muy copados, hacemos intercambio de remeras y calcomanías, nos regalan cerveza, saque y té calentito. Algunos, los menos, hablan inglés, los demás, hacen el esfuerzo, y uno de ellos, es Austríaco, así que a veces nos hace de interlocutor, cuando cuesta el entendimiento.
Nos
quedamos hasta que apagan las luces (a las once) y entonces nos despedimos,
después de sacarnos algunas fotos testimoniales.
Caminamos
de nuevo hasta la estación, por suerte no hace tanto frío, de pronto resolvemos
respondernos una pregunta que desde hace rato nos hacemos “hay un último tren
hacia la estación Tateishi (donde está nuestro depto)? O anda toda la noche?”,
una búsqueda rápida en internet nos da la noticia: Sí, hay un último tren, y es
a las 00:21; el siguiente: recién a las 5 de la mañana.
Nos tomamos
el tren en la estación de Komazawa haciendo algunos chistes sobre si llegaremos
o no a hacer conexión, cuando va pasando el rato los chistes se empiezan a
poner serios y la posibilidad de tener que caminar se nos aparece de frente y
un poco nos cachetea. No es tanta la distancia, quizás sea una hora de
caminata, pero ya caminamos todo el día, hay que cruzar el río, es un puente
larguísimo, seguro que hace frío ahí…
Llegamos a
la estación siguiente con lo justo, 3 minutos y llega nuestro querido tren de
keisei line que nos lleva en un periquete hasta Tateishi y todos nuestros
miedos se esfuman, dejando sólo la sensación de que hoy fue un hermoso día en
Japón.
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