viernes, 21 de marzo de 2014

Día 16 – Mitaka, Museo Ghibli, Shibuya y Polo.


Hoy no hay apuro a la mañana porque no tenemos planes tempraneros. Desayunamos, nos bañamos y muy tranquilos salimos hacia Mitaka. Llegamos en el tren y atravesamos el Inokashira park; que es desde ahora, uno de nuestros preferidos. Es grande, tiene muchos recorridos y su belleza se aprecia aun en esta época (la mayoría se lucen con los colores de otoño con los sakura en primavera). Damos un paseo alrededor del lago central, hay niños en salidas escolares, gente sacando fotos, una señora pintando el paisaje. Comemos esa especie de empanadita japonesa que tanto vimos en las series mientras caminamos y nos acercamos a la hora de visitar el museo del Estudio Ghibli.
Al llegar hay gente esperando para entrar, enseguida pasamos todos. La experiencia se ve bastante afectada por las colas que se forman para ver las cosas y el bullicio que produce la gente (y eso que es con cupos limitados). No se puede sacar fotos dentro del museo así que no podemos mostrar mucho. El lugar es muy bonito, sobre todo los vitrales. Hay para ver muchas cosas del arte y los estudios previos a cada película, un pequeño cine donde pasan un corto hecho especialmente para el museo (va cambiando según el día), juegos relacionados con la óptica y los principios de la cinematografía y por supuesto un giftshop, en el que sorprendentemente no compramos nada.

única foto robada dentro del museo
Terminado el recorrido almorzamos tardíamente en el parque, en un café al que había que sacarle foto.

Volvemos a tomar el tren, pero en el camino, entre las calles de Mitaka, donde hay locales que venden ropa hindú y otros que sólo tienen cosas de gatos, nos encontramos una sorpresa.

En la estación decidimos acercarnos a Shibuya otra vez, en busca de una tienda de libros usados y de otra donde parece que venden de todo.
Un poco perdiéndonos entre las callecitas y los miles de carteles llegamos a book off, donde los precios de los libros son geniales, así que armamos una decente pilita que nos llevamos muy contentos.
Después pasamos a Tokyu Hands, un edificio de nosécuantos pisos y entrepisos que tiene desde cosas para mascotas, pasando por modelos de maquetas,  muebles para armar, artículos de mercería, hasta librería y algo de bicicletería. De todas formas, aunque el paseo es divertido, el que mucho abarca poco aprieta y nada nos sorprende demasiado.
Después de una cena rápida en un bar italiano que nos tentó con una oferta en el cartel de entrada que terminó siendo una vil estafa (no en términos estrictamente legales, pero sí a nivel personal y sentimental (¿?)), vamos al subte para llegar hasta el parque Komazawa, donde vamos a encontrar a los chicos de Tokyo Hardcourt Bike Polo.

Llegamos a la cancha y ya estaban jugando hacía rato, nos dan la bienvenida, todos muy copados, hacemos intercambio de remeras y calcomanías, nos regalan cerveza, saque y  té calentito. Algunos, los menos, hablan inglés, los demás, hacen el esfuerzo, y uno de ellos, es Austríaco, así que a veces nos hace de interlocutor, cuando cuesta el entendimiento.  

Nos quedamos hasta que apagan las luces (a las once) y entonces nos despedimos, después de sacarnos algunas fotos testimoniales. Caminamos de nuevo hasta la estación, por suerte no hace tanto frío, de pronto resolvemos respondernos una pregunta que desde hace rato nos hacemos “hay un último tren hacia la estación Tateishi (donde está nuestro depto)? O anda toda la noche?”, una búsqueda rápida en internet nos da la noticia: Sí, hay un último tren, y es a las 00:21; el siguiente: recién a las 5 de la mañana. Nos tomamos el tren en la estación de Komazawa haciendo algunos chistes sobre si llegaremos o no a hacer conexión, cuando va pasando el rato los chistes se empiezan a poner serios y la posibilidad de tener que caminar se nos aparece de frente y un poco nos cachetea. No es tanta la distancia, quizás sea una hora de caminata, pero ya caminamos todo el día, hay que cruzar el río, es un puente larguísimo, seguro que hace frío ahí… Llegamos a la estación siguiente con lo justo, 3 minutos y llega nuestro querido tren de keisei line que nos lleva en un periquete hasta Tateishi y todos nuestros miedos se esfuman, dejando sólo la sensación de que hoy fue un hermoso día en Japón.

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