lunes, 17 de marzo de 2014

Día 11 - Este de Kioto y Hanatouro


De nuevo arreglamos para encontrarnos con Ginés, vamos a recorrer caminando todo lo que hay al este de la ciudad, quedamos en encontrarnos en el  Ginkaku ji (el pabellón de plata), la guía nos sugiere ir en colectivo, así que llegamos a la estación y buscamos la parada, nos cuesta encontrarla y una  vez arriba, no nos toma nada de tiempo darnos cuenta de que no era buena idea; el colectivo va a dos por hora, es como si estuviéramos volviendo de once en hora pico! Un horror, el tiempo pasa y estamos llegando súper tarde, nos sentimos pésimo por hacer esperar a Ginés.

Cuando por fin llegamos lo encontramos ahí, casi a punto de abandonar la espera. Entramos juntos al Ginkaku ji. El jardín es muy bonito y el templo también, bastante más modesto que su hermano de oro, nos cae mejor. Tratamos de reproducir la foto maravillosa que nos sacó la señora, Ginés lo logra, con éxito.

Petit, como siempre, obtiene la foto que vale
En el jardín, unos señores con fratacho, le dan forma a la arena con tanta dedicación y detalle que logran cosas fantásticas.


Salimos del templo y caminamos por el pasaje de los filósofos, que es una callecita que va a lo largo de un canal, llena de árboles de cerezo (que todavía no están en flor) y cafecitos y barcitos pintorescos.

Por fin, encontramos unos gatos con un poco más onda, están todos juntos, filosofando quizás. Algunos son bastante raros.

Gatos que viven en un carrito suspendido en el aire
 

Extasiada de amor gatuno
 

El camino nos lleva por otro templos de los que olvidamos sus nombres y en zona más urbana a la puerta Torii gigante del templo Heian  (Cholulez: el que visita Scarlett Johanson en Lost in translation). 
Templo sin nombre I

Templo sin nombre II
Es bastante grande, está muy bien. Unos señores me vigilan mientras pongo un sello del templo en mi cuaderno, la escena termina con uno de ellos llamándome a gritos nada amables porque me olvidé de cerrar la tapa de la almohadilla de tinta. Un horror. Ginés y Pablo se divierten.



Tenemos hambre así que buscamos donde almorzar, entramos en un Restaurant. Pablo pide pollo frito con vegetales, Ginés el plato del día sin saber qué es y yo, después de mucho rato de sopesar la decisión, unas hamburguesas con salsa de tomate y vegetales (una cosa bastante rara que venden en varios lugares), los chicos disfrutan sus platos, yo también, después de una pequeña modificación, meto el arroz blanco (que siempre acompaña los platos) adentro del cuenco con salsa y hamburguesas y así de la nada estoy comiendo arroz con salsa y “albóndigas”.
La elección azarosa de Ginés, terminó siendo un poco de todo
Finalizado el almuerzo seguimos el camino, sin un destino muy claro, vamos paseando por las callecitas y nos encontramos con un Buddha hermoso, sentado al pie de la montaña. El sol empieza a bajar y todos los lugares empiezan a prender sus faroles, es Hanatouro y esta parte de  la ciudad se va a llenar de luces esta noche.
Hanatouro para todos y todas
El paisaje es cada vez mejor y mejor, hay mucha gente con ropa tradicional, los locales que venden dulces te dan té calentito (hace mucho frío) y cosas para probar, los templos están abiertos, los arboles hermosamente iluminados.
En una de las escalinatas de uno de los templos, nos encontramos con un espectáculo hermoso.

Nos dirigimos a la estrella de la noche: el templo Kiyomizudera, que se sostiene sobre una estructura de madera increíble. La vista desde su balcón sostenido sobre la pendiente de la montaña es de lo más lindo que vimos hasta ahora.



Sacamos muchas fotos.

Cruzamos el parque Maruyama, donde se exhiben ikebanas inmensos y lámparas de figuras mitológicas que se mueven.

Siguiendo el camino de las lucecitas llegamos a la gran puerta Sanmon, donde hacemos una fila para pasar a ver un espéctaculo de 3D Mapping sobre la misma, breve, bonito, con buena música.

Para finalizar la noche, nos acercamos a la calle Pontocho y entramos a un restaurant de okonomiyaki al que ya le habíamos echado el ojo ayer. Muy rico todo.

De nuevo en la calle, rapidito y con frío, nos despedimos de Ginés; ya no nos vamos a volver a cruzar, porque nuestros viajes toman caminos diferentes, o más bien, el mismo camino pero en tiempos distintos. Fue una alegría (y también una locura por lo impredecible e impensable) compartir tantas cosas nuevas con él. Nos vemos por allá!

El frío nos convence de tomar le colectivo hasta la estación en lugar de caminar. Entramos a lo de Kiyoko en puntas de pie, nos vamos a dormir.

1 comentario:

  1. Una alegria haber pasado estos días en Nara y Kyoto con ustedes!!! Me hubiese encantado poder compartir mas todavía, fueron una compañía de viaje fantástica!!!
    Ginés

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