De nuevo arreglamos para
encontrarnos con Ginés, vamos a recorrer caminando todo lo que hay al este de
la ciudad, quedamos en encontrarnos en el
Ginkaku ji (el pabellón de plata), la guía nos sugiere ir en colectivo,
así que llegamos a la estación y buscamos la parada, nos cuesta encontrarla y
una vez arriba, no nos toma nada de
tiempo darnos cuenta de que no era buena idea; el colectivo va a dos por hora,
es como si estuviéramos volviendo de once en hora pico! Un horror, el tiempo
pasa y estamos llegando súper tarde, nos sentimos pésimo por hacer esperar a
Ginés.
Cuando por fin llegamos lo
encontramos ahí, casi a punto de abandonar la espera. Entramos juntos al Ginkaku
ji. El jardín es muy bonito y el templo también, bastante más modesto que su
hermano de oro, nos cae mejor. Tratamos de reproducir la foto maravillosa que
nos sacó la señora, Ginés lo logra, con éxito.
| Petit, como siempre, obtiene la foto que vale |
Salimos del templo y caminamos
por el pasaje de los filósofos, que es una callecita que va a lo largo de un
canal, llena de árboles de cerezo (que todavía no están en flor) y cafecitos y
barcitos pintorescos.
Por fin, encontramos unos gatos
con un poco más onda, están todos juntos, filosofando quizás. Algunos son
bastante raros.
| Gatos que viven en un carrito suspendido en el aire |
| Extasiada de amor gatuno |
El camino nos lleva por otro
templos de los que olvidamos sus nombres y en zona más urbana a la puerta Torii
gigante del templo Heian (Cholulez: el
que visita Scarlett Johanson en Lost in translation).
Es bastante grande, está
muy bien. Unos señores me vigilan mientras pongo un sello del templo en mi
cuaderno, la escena termina con uno de ellos llamándome a gritos nada amables
porque me olvidé de cerrar la tapa de la almohadilla de tinta. Un horror. Ginés
y Pablo se divierten.
| Templo sin nombre I |
| Templo sin nombre II |
Tenemos hambre así que buscamos
donde almorzar, entramos en un Restaurant. Pablo pide pollo frito con
vegetales, Ginés el plato del día sin saber qué es y yo, después de mucho rato
de sopesar la decisión, unas hamburguesas con salsa de tomate y vegetales (una
cosa bastante rara que venden en varios lugares), los chicos disfrutan sus
platos, yo también, después de una pequeña modificación, meto el arroz blanco
(que siempre acompaña los platos) adentro del cuenco con salsa y hamburguesas y
así de la nada estoy comiendo arroz con salsa y “albóndigas”.
Finalizado el almuerzo seguimos
el camino, sin un destino muy claro, vamos paseando por las callecitas y nos
encontramos con un Buddha hermoso, sentado al pie de la montaña. El sol empieza
a bajar y todos los lugares empiezan a prender sus faroles, es Hanatouro y esta
parte de la ciudad se va a llenar de
luces esta noche.
| La elección azarosa de Ginés, terminó siendo un poco de todo |
| Hanatouro para todos y todas |
El paisaje es cada vez mejor y
mejor, hay mucha gente con ropa tradicional, los locales que venden dulces te
dan té calentito (hace mucho frío) y cosas para probar, los templos están
abiertos, los arboles hermosamente iluminados.
En una de las escalinatas de uno de los templos, nos encontramos con un espectáculo hermoso.
En una de las escalinatas de uno de los templos, nos encontramos con un espectáculo hermoso.
Nos dirigimos a la estrella de la
noche: el templo Kiyomizudera, que se sostiene sobre una estructura de madera
increíble. La vista desde su balcón sostenido sobre la pendiente de la montaña
es de lo más lindo que vimos hasta ahora.
Sacamos muchas fotos.
Sacamos muchas fotos.
Cruzamos el parque Maruyama,
donde se exhiben ikebanas inmensos y lámparas de figuras mitológicas que se
mueven.
Siguiendo el camino de las
lucecitas llegamos a la gran puerta Sanmon, donde hacemos una fila para pasar a
ver un espéctaculo de 3D Mapping sobre la misma, breve, bonito, con buena
música.
Para finalizar la noche, nos
acercamos a la calle Pontocho y entramos a un restaurant de okonomiyaki al que
ya le habíamos echado el ojo ayer. Muy rico todo.
De nuevo en la calle, rapidito y
con frío, nos despedimos de Ginés; ya no nos vamos a volver a cruzar, porque
nuestros viajes toman caminos diferentes, o más bien, el mismo camino pero en
tiempos distintos. Fue una alegría (y también una locura por lo impredecible e
impensable) compartir tantas cosas nuevas con él. Nos vemos por allá!
El frío nos convence de tomar le
colectivo hasta la estación en lugar de caminar. Entramos a lo de Kiyoko en
puntas de pie, nos vamos a dormir.
Una alegria haber pasado estos días en Nara y Kyoto con ustedes!!! Me hubiese encantado poder compartir mas todavía, fueron una compañía de viaje fantástica!!!
ResponderEliminarGinés