Nos levantamos y en el hostel todos duermen todavía,
desayunamos y salimos a ver la ciudad, queremos ir al Kenrokuen, listado como
uno de los tres jardines más lindos de Japón y al Museo de Arte Contemporáneo,
principalmente para ver la obra del argentino Leandro Elrich y sacarnos La Foto que hay que
sacarse en Kanazawa.
Hace bastante frío pero está soleado, decidimos ir primero
al museo, dándole tiempo al sol de calentar un poquito el ambiente antes de
pasearnos por los jardines.
El edificio del museo es interesante y nos gusta recorrerlo,
pero como nos informan al sacar la entrada, por un cambio de exposiciones, hay
una gran parte del mismo que está cerrada, incluida la pileta de Leandro Elrich. Punto bajo
del día, no somos gente de museo y la verdad entramos a este sólo para ver la
bendita pileta, en fin ya estamos en el baile así que bailamos.
Hay un patiecito con un jardín vertical de patric blanc, pero no se puede sacar fotos dentro del museo así que no quedó nada registrado.
Hay un patiecito con un jardín vertical de patric blanc, pero no se puede sacar fotos dentro del museo así que no quedó nada registrado.
Salimos y cruzamos al Kenrokuen, el parque es mucho más
chico de lo que suponíamos, y aunque en hanami (época de floración de los
cerezos) debe ser una locura, porque hay miles, por todos lados, incluyendo uno
que tiene un carte que reza “rare flower with more than 100 petals”; en esta
época no se luce tanto. De todas formas tenemos oportunidad de ver otra de las
postales características del parque (y de Kanazawa): Durante el invierno, para
que el peso de la nieve no quiebre ni deforme las ramas de los árboles, les
colocan unos tirantes de soga, que generan una forma de carpita muy simpática.
Terminamos rápido el recorrido y antes de cruzar a ver el
castillo de Kanazawa, pasamos a almorzar a uno de los restaurants del
parque. El lugar es muy bonito y comemos
en un espacio tradicional, sentados sobre tatami.
Cruzando un puente accedemos a los jardines del Castillo de
Kanazawa, no son estrictamente jardines, sino más bien espacios abiertos de
puro césped, desde donde se pueden
apreciar las distintas construcciones. Nos acercamos a un puesto de información
creyendo que hay que pagar entrada y no sólo nos enteramos de que no, sino que
además un señor muy amable, guía voluntario del lugar, se ofrece a acompañarnos
en nuestro recorrido.
Nos cuenta que se llama Matsu (como los árboles, nos dice
señalando los pinos) y nos lleva ordenadamente por los diferentes sectores del
parque. Estamos encantados, Matsu nos saca fotos en cada punto interesante del
recorrido y nos explica cómo se construyó el lugar (y reconstruyó varias
veces). Lo más interesante son todas las precauciones y estratagemas que tiene
el castillo, para defenderse de enemigos en caso de guerra, y el hecho de que
nunca haya sufrido un ataque (más vale prevenir que curar, no?).
Nos despedimos de Matsu, no sin antes pedirle que se saque
una foto con nosotros.
El cielo se pone negro de un segundo a otro, nuevamente se
va a cumplir el pronóstico de lluvia, creyendo que el augua nos va a dar un
poco de tiempo, tratamos de llegar a un barrio de geishas que Matsu nos
recomendó visitar, en el camino la lluvia no nos da tregua así que nos
refugiamos en un cafecito de estilo francés (está lleno porque los Japoneses
son bastante fanáticos de la pastelería francesa y del estilo de los cafecitos
más que nada). Tomamos té y café con porciones de torta, la verad, no tenemos
experiencia real en pastelería francesa, pero la que hace en Japón no es una
locura, eso sí es hermosa.
A penas vemos que para un poquito la lluvia arrancamos para
hostel. Shaq, el dueño del lugar nos invita a ir con él a comprar para cenar a
un supermercado. Después de las 7, nos cuenta, comienzan a rebajar todas las
cosas frescas que no pueden vender al día siguiente, como el sushi por ejemplo.
Bajo la lluvia, llegan nuevos huéspedes, una pareja de franceses que tras hacer
su check in se suma a la misión “cenar sushi barato”, también se suma Laura,
una chica española. Salimos todos juntos detrás de Shaq, en busca de los
descuentos.
Cada cual agarra su bandejita menos yo, que no como sushi y
me agencio unos fideos y una bolsita de salsa ya preparada. Pagamos (es
realmente barato, algunas cosas tienen hasta 50% de descuento) y volvemos al
hostel.
Cenamos todos juntos, de a ratos se escuchan muchos idiomas
diferentes, los Franceses entre ellos, hablan francés; Shaq y Laura hablan un
poco en Japonés (ella estudió el idioma acá durante unos meses, hace un tiempo,
ahora está de visita), nosotros con
Laura hablamos español, y para entendernos entre todos, por supuesto, se habla
inglés (quedando claramente de manifiesto la universalidad de este idioma, ya
que a pesar de no ser primera lengua de
ninguno de los presentes; era, curiosamente, la única forma de comprendernos).
Antes de irnos a dormir Laura nos cuenta que estuvo en
Nagano viendo a los monos, nos tienta un poco con la idea, nos muestra fotos.
Nosotros le mostramos fotos de Pancho, no tiene nada que ver, pero lo
extrañamos y nos sale eso.
Charlando le comentamos que fuimos al museo y que no pudimos ver la pileta, es genial su reacción: ella también tenía planeado visitarlo sólo por eso! Hechos todos los chistes posibles al respecto, nos decimos buenas noches (es agradable hablar en español con alguien, por fin) y cada cual a su habitación.
Charlando le comentamos que fuimos al museo y que no pudimos ver la pileta, es genial su reacción: ella también tenía planeado visitarlo sólo por eso! Hechos todos los chistes posibles al respecto, nos decimos buenas noches (es agradable hablar en español con alguien, por fin) y cada cual a su habitación.
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