domingo, 23 de marzo de 2014

Día 19 – el Mito de Kawagoe y de nuevo Harajuku


Último paseo por los alrededores de Tokio,  decidimos ir a Kawagoe sin saber mucho a cerca del lugar, sólo que allí se conservan algunas casas autóctonas, que no fueron destruídas durante la segunda guerra mundial porque al ser de color negro, cuando los aviones pasaban, parecía un lugar ya quemado.
El fuji san desde el tren
las tapas de alcantarillas de Kawagoe
 

Llegamos al lugar y como es fin de semana, y parece ser un destino popular entre los japoneses (no así entre los turistas extranjeros), hay bastante gente. Caminamos por la calle principal, hay bastantes negocios de ropa, algunos restaurants. Nos perdemos un poco porque el mapa que nos dieron en información turística es malísimo (el peor mapa del viaje, lejos, súper confuso). Vemos escuelas, edificios del estado, nada destacble. Nos acercamos a un río, que aparecía marcado en el mencionado mapa, resulta ser un hilo de agua que corre a lado de una ruta, tristísimo.

Retomamos el recorrido “turístico” y vemos algunas de las casas Kura (esas casas tradicionales, negras) la mayoría convertidas en negocios. Encontramos Candy Alley, una callecita donde los negocios venden golosinas de todo tipo, compramos algunas graciosas, dos bonobon sólo por la alegría de verlos tan lejos de casa y más adelante en el camino, en un puesto, un pescado de masa relleno con batata dulce (sísí, no dulce de batata, sino puré de batata y ya) que resultó estar riquísimo.
bonobon a la vista!!

Buscamos un lugar para almorzar, y planeamos que hacer de vuelta en tokio, porque Kawagoe no dá para más. Sin dudas no es un paseo que recomendemos, sí, las casitas son pintorescas, pero se alternan con otras actuales y no da ni para muchas fotos, además hay muchísimos autos en calles llenas de gente caminando y en bici (al menos en fin de semana).

Volvemos a la estación y decidimos ir al Yoyogi Park, que es el más grande de Tokio, y el que más tarde cierra (a las 5, todos los demás a las 4 y media), así que tenemos la esperanza de poder recorrerlo un poco si llegamos con tiempo.
Llegamos, y el parque es hermoso, gigante realmente, es como un bosque dentro de la ciudad más poblada del mundo, increíble. Dentro del predio se encuentra el Santuario de Meiji, dedicado al emperador Meiji y la emperatriz Shoken, es muy lindo, tiene unos árboles hermosos, y de nuevo, tenemos la posibilidad de ver una ceremonia de casamiento tradicional.
Barriles de Sake dondados por los productores en honor al Emperador
Después de dar algunas vueltas por los senderos del parque, empiezan a sonar parlantes que avisan el horario de cierre y muy amablemente nos invitan a acercanos hacia la puerta.
El parque se encuentra casi al lado de la estacion de Harajuku, y ya ue estamos ahí, aprovechamos para repetir el paseo por Takeshita dori, para comprar algunas cosas de las que nos quedamos con las ganas. Conseguimos algo de ropa exageradamente barata en forever 21 así que nos hacemos de algunas remeras y pantalones y cargando las bolsas del shopping volvemos al departamento en tateishi donde nos comemos unos ricos fideos con salsa.


Mañana es el último día en Japón, tenemos sentimientos de todo tipo, pero sin dudas, lo que más estamos, es cansados físicamente. Así que nos vamos a dormir.

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