Nos despertamos temprano para hacer una de nuestras ya acostumbradas seguidillas de no sé cuántos trenes, los últimos dos de una hora cada uno, para llegar a Kawaguchi Ko. Uno de los lagos que está cerca del fuji. En el camino llegamos a ver el volcán un poco, pero después lo cubren nubes, cada vez más negras.
Llegados a destino buscamos un bus que nos lleva a un lugar inaudito que queremos visitar: Kawaguchi ko Music Forest; es un museo de instrumentos musicales mecánicos.
El lugar es lo que promete y más; un sinsentido que mezcla cosas hermosas y antiguas con mucho kitsch. Llegamos justo para ver uno de los miniespecátuclos que brinda el lugar, entramos en un hall, esperamos junto a muchos japoneses (el turismo extranjero no parece abundar en esta época por acá). Al rato aparece un muchacha, en la gran escalera, que casi actuando nos invita a pasar al auditorio, después de hablar mucho rato (claro que no lo entendimos ni a) , al grito de “Wellcome on board!”.
En el auditorio vemos un espectáculo del que nos cuesta dar crédito, todo lo explica la chica pero no entendemos así que lo mismo da, la cuestión es que están fascinados con el titanic, y o bien las máquinas sonoras que nos muestran son como las que había en el barco, o alguna otra cosa que se nos escapa, la cuestión es que vemos pianos que se tocan solos, una especie de cristalero que toca el piano y tres violines, una orquesta sinfónica metida toda en un mueble de madera que toca el tema de celine dion, todo mientras un chabón, al que la mina llama “Jack” (como di Crapio en la peli), hace pasar a una chica del público y la retrata.
Paseamos un poco más por el lugar, vemos más instrumentos mecánicos y también autómatas, son increíbles, se mueven perfecto, algunos hasta abren y cierran los ojos y la boca.
Extasiados por tanta locura sinsentido, algo tentados de risa por el turismo bizarro que nos gusta hacer, nos despedimos del music forest.
| tratamos de pensar una buena ocasión para regalarle esto a alguien, pero no se nos ocurrió nada. |
Hacemos el camino de vuelta caminando, se larga un poco a llover, para, se larga de vuelta, nos perdemos un poco, volvemos a encontrar el camino y cuando casi estamos llegando a la estación vuelve a llover, pero mucho, así que nos subimos al tren y le decimos chau a Kawaguchi ko, y al Fuji, que sigue escondido tras las nubes.
| Sí, eso es el Fuji San! |
| y este es el tren en el que volvimos, porque nada tiene sentido! |
En el viaje de vuelta dormimos como y quedamos como zombies, pero como todavía el día no se termina, aunque ya sea de noche, nos bajamos en Shinjuku, vemos algunos locales, volvemos a subir al tren y a bajar en Harajuku, donde recorremos la calle Takeshita, donde hay locales de ropa más baratos, donde los jóvenes japoneses compran algunas de sus excéntricos guardarropas. Después pasamos la calle Omotesando que parece ser exactamente lo opuesto, está lleno de edificios inmensos de grandes marcas, shoppings, restaurants súper paquetes, y gente muy bien vestida. Entramos en kiddy land, una juguetería donde tienen merchandising de casi lo que sea.
Caemos en la tentación y hacemos algunas compras. Ya cansados y con bolsas, volvemos al departamento, nos compramos unas hamburguesas en un Mos Burguer (una especie de mc Donald local) y las comemos frente a la compu, mirando la tele.
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