Son las cinco y media de la
mañana, desayunamos, agarramos nuestras valijas y vamos a la estación,
enseguida ya estamos en un tren hacia el aeropuerto de Narita, llegamos con
tiempo, cambiamos los yenes que nos quedaron, pasamos por migraciones,
despachamos las cosas. Estamos tentados de decirnos que no podemos creer lo
bien que nos salió este viaje, pero preferimos esperar a que todos los aviones
aterricen (primero Frankfurt y después
Buenos Aires), por las dudas.
Nos subimos al avión y empieza de
nuevo el viaje en el tiempo, ahora volvemos al pasado. Las horas empiezan a no
tener sentido, las comidas del avión dicen que son almuerzo y cena pero en
realidad es todo mentira.
Mentira parece que estuvimos
veinte días en Japón, vimos todo lo que vimos, que caminamos todo lo que
caminamos, que nos encontramos con Ginés, que a algunas cosas nos
acostumbramos.
Japón es un poco un lugar
imposible, porque está demasiado lejos, porque es demasiado distinto, pero
estuvimos ahí, lo vimos, es de verdad y por si hace falta alguna confirmación,
algún dia, vamos a volver.
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