viernes, 21 de marzo de 2014

Día 17 – Lluvia, Tsukiji, lluvia, Ginza, lluvia y más lluvia.

Como ya sabíamos que hoy iba a llover, porque el pronóstico así lo decía y acá le pegan o le pegan, pensamos qué cosas que queríamos hacer encajaban con el clima que nos iba a tocar en suerte.
Salimos medianamente temprano, entonces, hacía el Tsukiji Market, el mítico mercado de pescado de Japón donde se venden los atunes más grandes que hay y se puede comer el sushi más fresco del mundo. Pasamos de ver el remate de pescado porque la verdad que no nos morimos de ganas de madrugar tanto para ver miles de animales muertos y japoneses haciendo señas.
Llegamos cerca de las diez, damos algunas vueltas por el mercado minorista, donde hay muchos puestos que venden el pescado recién comprado en los remates y otros muchos que venden comida hecha con esa materia prima. La lluvia no nos permite disfrutar el paseo como quisiéramos así que enseguida elegimos un lugar para entrar y listo.
Nos sentamos en la barra, nuestro sushiman es un señor mayor muy amable que sonríe cuando le pedimos cosas y no dice ni una palabra. Por supuesto pedimos los dos, pero el que come es Pablo.

Hay algunos extranjeros, es una de esas cosas que HAY que hacer cuando se viene a Japón, después de tacharlo de la lista caminamos hasta Ginza.
Ginza es un barrio comercial, lleno de las marcas más caras del mundo, nosotros miramos pero en realidad vinimos con otra intención, entre Tiffany y Bulgary (¡!!) se encuentra Ito ya, una librería (de artículos de librería, no de libros) de 6 pisos que era uno de nuestros objetivos para el día de lluvia.
Aunque hay muchas cosas nada es increíble, sí, hay clips con las formas que quieras, un catálogo de papeles gigante y las tarjetas para regalo más kitsch de la historia, pero nada sale barato así que elegimos dos o tres cositas para darnos el gusto y volvemos a salir. Sigue la lluvia.
Volvemos al tren, tenemos los pies mojados, bastante hambre y estamos hartos de la lluvia, de cargar el paraguas, de tener que cerrarlo y ponerle una funda de nylon cada vez que entras a un local…
Nuestro próximo destino es Nippori, el  barrio de las telas. Después de leer en un blog sobre la existencia de tiendas de 5 pisos que sólo venden telas, se convirtió en visita obligada. Ni bien llegamos un cartel anuncia que es estamos de hecho en el “Fabric district” y nos señanala la “Fabric Street”, hacía allá vamos. Arrancan los locales, pero la mayoría venden ropa, no telas, hasta que llegamos a la zona de Tomato, una tienda que es en realidad cuatro tiendas, entramos a la más grande. Hay cosas baratas, otras no tanto, pero después de recorrerlo con minuciosidad nos damos cuenta de que no ofrece nada realmente bonito. Intentamos en las otras tiendas de la de marca y es lo mismo. Con bastante frustración y cansadísimos de la lluvia nos vamos de Nippori, pensando que para poner esos carteles, antes deberían visitar el once y ver lo que es una “Fabric Street”.
Tomamos todos los trenes que tenemos que tomar para volver a Tateishi, ya tuvimos suficiente luchando con los paraguas, hacemos una parada en el supermercado antes de volver al departamento, compramos algunas cosas para comer, nos divertimos un poco paseando entre las góndolas y tratando de averiguar si las cosas son dulces o saladas, y listo.
Es temprano todavía pero ya renunciamos al exterior, nos quedamos escribiendo un poco para el blog, bajando fotos, miramos algo de tele, comemos y descansamos. Mañana, dice el pronóstico, ya no va a llover más.

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