Salimos de casa muy argentinos, algo perseguidos de que nos vieran irnos, no le dijimos al taxi la dirección exacta y lo esperamos abajo.
Cuando llamamos a la agencia, nos dijeron que "mas o menos una hora" iba a tomar el viaje a ezeiza.
Tomó 20mínutos, el chofer iba como en una nave, temí, pero llegamos a salvo.
La cola para despachar las valijas era larguíiiiisima, nos tomó un rato, otro rato declarar la cámara y la compu, otro más pasar por aduana. Estabamos relajados e hicimos todo sabiendo que nos sobraba el tiempo, después sólo quedó esperar el embarque.
Los asientos de avión son más cómodos de lo que yo esperaba! la comida está bien, y tienen unas galletitas con formas divertidas. Las azafatas tienen bastante mala onda, no la disimulan ni un poco.
El viaje a Frankfurt se nos hizo bastante corto, 13 horas, miramos pelis, comimos, Pablo leyó muchísimo y llegamos! El aeropuerto es increíble, gigante, como nos dijo tute. Teníamos una hora para encontrar la puerta de nuestro nuevo vuelo y nos apuramos porque aunque caminábamos rápido parecía que no avanzabamos nada. Al fin llegamos a la puerta 58, con tiempo de sobra así que nos ponemos a recorrer los negocios de alrededor, en el país que vió nacer a los playmobil encontramos uno tan genial que tuvimos que comprarlo.
Después de estar un rato maravillados con la nueva adquisición nos sentamos a esperar que nos llamen, al rato se empieza a llenar de gente, se hace la hora, nadie anuncia nada, después de un rato se escucha por los parlantes un llamado en alemán, después en japonés, recién después en inglés: por alguna razón piden dos voluntarios que tengan ganas de cambiarse a un vuelo que sale 6 horas más tarde, ofreciendo un resarcimiento económico (600euros), por un momento nos miramos pensando "euros por esperar!!", pero nuestras ganas de llegar a destino, y la idea de que empezar alterando los planes quizás no sea la mejor opción nos mantienen en nuestras sillas.
Mas tarde, resuelto el problema, nos piden disculpas por la espera y comienza el embarque.
Arranca un nuevo vuelo, 11 horas por delante, algo de ansiedad. Pablo, con ayuda de alguna pastillita, durmió casi todo el viaje, yo traté durante un buen rato y ya resignada vi cualquier cosa en la pantalla con tal de pasar el rato. Y pasó, fue largo pero pasó.
Estamos en Japón, todavía no es evidente, pero igual, ya no entendemos nada.
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