Hoy nos vamos de Japón, dejamos
para visitar el último día algunos parques y jardines, porque ese tipo de
paseos resultó, a lo largo del viaje, de las cosas más lindas que hicimos, así
que quisimos terminar nuestra visita de esa manera.
Estamos contentos, ansiosos,
cansadísimos.
Nos levantamos temprano,
desayunamos y nos subimos al tren. Ya nos sabemos de memoria los anuncios que
hace el altavoz, en japonés.
Nos bajamos cerquita, en
Shimbashi, para ir al Hama-Rikyu, unos jardines que las guías dicen que son muy
lindos, tienen, por supuesto, cerezos, una plantación de peonias y muchas otras cosas que ahora no
están florecidas; sin embargo, a penas entramos nos sorprende un resplandor
amarillo, toda una parcela sembrada con colza.
El parque es realmente muy lindo,
uno de sus costados da al río, tiene desniveles y muchos caminos para recorrer,
lagos internos (conectados con el rio) y algunas islitas. Lo más interesante es como contrasta la tranquilidad y el ambiente natural del interior, con los edificios del centro de Tokio, que se mantienen presentes en todo momento.
Lo recorremos todo, hay algunos
contingentes de jubilados japoneses. Paramos en un puestito y nos compramos
unas papas estilo pringles y finalmente (porque no podíamos irnos de Japón sin
probarlar), la fanta de uva. No está tan mal, es decir, es fanta de uva, qué se
le puede pedir.
Volvemos a la estación, para
bajarnos, no tan lejos, en Tokio Station, vamos a visitar los jardines
orientales del palacio imperial (los únicos que están abiertos al públicos),
saliendo de la estación el espacio es muy abierto aunque hay algunos edificios
altísimos, nos acercamos al palacio, está rodeado por un gran parque de césped,
pinos y grava, donde van las personas a correr y andar en bicicleta. El sol se
hace sentir y la caminata es larga, muy larga, sólo vemos muralla y foso. Cada
vez que encontramos una puerta, está cerrada.
| Tokio Station |
| El pedacito de palaci imperial que se ve desde afuera |
Después de un rato por fin
llegamos a la puerta este, el jardín está dividido en dos, sin pensar mucho,
elegimos por dónde empezar y comienza nuestro recorrido, en seguida nos
decepciona un poquito, hay mucho césped (seco en esta época) algunos pinos y
muuuucho camino de grava rodeado de muralla, a nuestros ojos no tiene mayor
encanto y además tenemos calor.
Pensamos que sin duda la familia
imperial se guarda los buenos jardines para su contemplación y le deja a la
plebe uno no demasiado interesante.
Terminamos de recorrer ese sector
y pasamos al otro, la cosa mejora bastante, mucho. Disfrutamos del recorrido
aunque ya estamos cansados de caminar, nos sentamos un rato, miramos una
cascada, un puente, las plantas. Seguro es todavía más lindo en
primavera/verano, con todos esos rododendros y lirios, pero igual está bastante
bien.
Salimos por la misma puerta por
la que entramos y volvemos a la estación, justo llegamos a subirnos a un tren
rápido así que en quince minutos estamos en Shinjuku, tenemos hambre así que
empezamos a buscar dónde almorzar, caminando por la calle principal, que como
es domingo, es peatonal.
Entramos a un lugar, resulta que
venden puramente tempura, así que pablo se pide un plato y yo me aguanto al
hambre hasta que salimos y me compro una de esas empanaditas y una pieza de
pollo frito en un Family Mart, riquísimo.
Vinimos a Shinjuku porque
pensamos que el Shinjuku Gyoen se merecía otra visita, vinimos bajo una lluvia
bastante dura y así y todo fue nuestro jardín preferido, así que volvemos hoy,
que hay sol, y es domingo, y ya es (por calendario) primavera.
Entramos y pensamos una cosa:
“menos mal que vinimos ese día que llovía!!”. Hay muchísima gente, así que nos
gusta saber que podemos apreciar el lugar en dos situaciones tan distintas.
Cerca de la puerta hay un árbol
de magnolias increíbles, parece nevado.
Seguimos caminando, en el parque
hay gente haciendo picnic, jugando con pelotas, muchas personas mayores, muchos
niños, muchos señores con súper cámaras de fotos, muchas parejitas.
| "La pasarela es para no pisarle los cosos al ciprés pelado" - Pablo |
| Neumatóforos al por mayor |
Como la nevada ya quedó lejos hay
partes del jardín que cuando vinimos la otra vez estaban cerradas y ahora están
abiertas, así que también podemos ver cosas nuevas.
Después de caminar un rato
encontramos un Sakura que ya floreció y muchíiiiisima gente sacando fotos,
realmente son en extremo fanáticos del hanami.
Como los parques cierran temprano
(a las cuatro y media) no falta mucho para que nos tengamos que ir, apuramos un
poquito el paso, vamos a un lugar que nos gustó la otra vez. Cuando llegamos,
los parlantes empiezan a anunciar que en algunos minutos será hora de cerrar,
que tengamos todos nuestros efectos personales con nosotros (qué forma amable
de decirte que te vayas no?), hacemos caso omiso, pero no somos los
únicos, y nos sentamos al borde de un lago, con una vista hermosa, a comer una
especie de facturas que compramos en una panadería francesa de la estación. Nos
acostamos en el pasto, y después del mismo anuncio, en los parlantes empieza a
sonar música clásica. Seguimos un rato más, disfrutando de ese momento casi
irreal, con la música de fondo, felices. Amamos nuestro último día en Japón.
Finalmente nos unimos a la gente
que sale del parque y hacemos sólo una parada con el tren para volver hasta la
puerta de Yoyogi park, donde se juntan los Cosplayers (muchachas y algunos
muchachos, que se disfrazan como personajes de dibujitos animados), pero parece
que ya es tarde porque no quedó ni uno, hace algo de frío.
Otra vez tren para acercarnos a
Shimbocho, un barrio donde venden libros usados y cosas viejas, pero también
llegamos tarde porque está casi todo cerrado, entramos a un par de locales pero
entre nuestro cansancio y el apuro por cerrar de la gente, nos vamos enseguida
con las manos vacías. Ahora sí, nuestros pies ya no dan más, nos volvemos.
Cuando llegamos nos ponemos a
preparar las valijas para la vuelta y le avisamos a Koji que mañana nos vamos
temprano, queremos saludarlo antes de irnos, agradecerle por todo. No está en
su casa y vuelve tarde, pero nos invita a pasar, está Nami.
Como con ella no tuvimos mucho
intercambio decidimos quedarnos en el departamento. Entre todo el acomodo que
hay que hacer se nos hace tarde y sentimos el timbre, es Koji.
Charlamos sobre lo que estuvimos
haciendo, él nos cuenta (personalmente porque ya nos había dicho por mensaje)
que su gata falleció. Justo cuando llegamos nosotros se enfermó y estuvo muy
mal unos días hasta que murió. Koji la tenía desde los once años, así que está
triste. Nos cuenta que le hicieron un
funeral, que la cremaron y nos invita a ir a su casa a prender un incienso en
su honor.
Sólo hay que cruzar la calle,
caminar un poco y subir una escalera, ahí está Nami, con cara de sueño y
tristeza. Al lado de la tele hay una cajita (con las cenizas, nos explican) y
una foto de la gata, abajo en el suelo, una bandeja con incienso y un cuenco.
Koji nos explica que tenemos que
prender incienso, hacer sonar el cuenco dos veces y después rezar. Así lo
hacemos. Ellos nos cuentan cosas sobre la gata. Pusieron un peluche de un
gatito en el lugar donde siempre estaba en el sillón, es todo muy triste.
A pesar de la tristeza, es un
momento importante para nosotros, nos dejaron entrar en su casa, compartir sus
creencias, estar con ellos en un momento que está marcando sus vidas. Nos dice
Koji que su abuela no lloró cuando murió su abuelo, pero sí el otro día, cuando
murió la gata.
Después de unos abrazos (sisí!
Nos abrazaron!! Y son japoneses!!) y de agradecerles profundamente por todo,
nos volvemos al departamento. Algo de su tristeza nos acompaña.
Terminamos de hacer las valijas, por suerte
tenemos espacio suficiente para todo (GRACIAS JANIS Y TUTE), nos metemos en las
camas y miramos Porco Rosso, pero no la podemos terminar porque tenemos sueño, a descansar.
Aaay pobre la gatita, me dio lloritos
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