Anoche el pronóstico dictaba para hoy unas condiciones
horribles, 2° C de máxima, lluvia y nieve todo el tiempo, nos levantamos
pensando en agarrar las valijas y salir derechito para Kioto, huyendo del mal
clima. Sin embargo, a pesar del frío, no llueve; así que nos abrigamos a más no
poder, agarramos paraguas y nos aventuramos al exterior.
Tenemos suerte, temimos tener que irnos de Kanazawa sin ver
una de sus zonas célebres, el barrio de los Samuráis, pero el clima se portó
benévolo y a pesar de que se nos congelan los deditos de los pies podemos
visitar varias de las casas de Samuráis que hay para ver, las callecitas son
muy pintorescas, y el toque que le da a todo la capa de 10cm de nieve que se
acumuló durante la noche es casi escenográfico.
Ahora sí, ya cumplimos con los destinos turísticos claves del lugar, huyamos!!
Antes de irnos, entramos a un restaurant italiano y nos comemos dos platos del día. En la mesa de al lado, unas señoras comen fideos con una cantidad de alga rallada encima que no se puede creer, el lugar se llena de olor a pescado, por suerte ya terminamos de comer, la cuenta y nos vamos.
| tallarines con hongos y camarones para Pablo |
| Pollo con salsa de mostaza y papas para mí |
Volvemos al hostel a buscar nuestras valijas y en la puerta
nos recibe un Totoro de nieve gigante, en el que Shaq estuvo trabajando desde
la mañana.
Juntamos todas nuestras cosas, nos despedimos de Shaq y
partimos hacia la estación.
El shinkansen que nos lleva a Tokio se llama Thunderbird, el
nombre nos hace algo de gracia, no será mucho? Mientras viajamos el clima
cambia varias veces, a poco de salir la nieve cae tan copiosa que a apenas se
puede ver a unos metros, al rato el sol se asoma y nos obliga a sacarnos varias
capas de abrigo.
Llegamos por fin a Kioto y la suerte climática no nos acompaña, todo el mundo está sorprendido sacando fotos, nieva muchísimo, algo bastante raro por acá.
Como todavía es temprano para ir a lo de Kiyoko (La señora que nos alquila un cuarto en su casa en Katsuragawa, a dos estaciones de tren del centro), guardamos las valijas en un locker y nos animamos a salir de la estación. En seguida no parece la mejor idea del mundo así que nos refugiamos subiendo a la torre de Kioto, nada es especial, el edificio es bastante gracioso, y es alto, claro, desde arriba se puede ver toda la ciudad y las montañas, hay binoculares gratis para mirar en detalle, nos quedamos haciendo eso un rato, descubrimos algunas cosas.
Cuando la nieve afloja, volvemos a la estación, buscamos las valijas y nos subimos al tren local que nos lleva a Katsuragawa, cinco minutos después estamos recorriendo calles que nos resultan familiares porque ya las vimos con el google street view, así, fácilmente reconocemos la casa de Kiyoko, que nos recibe con la amabilidad japonesa característica, nos hace té y café y nos convida unos dulces riquísimos que le trajeron de Hokkaido.
Después de charlar un largo rato con ella, nos deja porque tiene que dar una clase, así que aprovechamos para ir al supermercado que tan dedicadamente nos señaló en un mapa que ella misma dibujó en el momento.
El supermercado es grande y venden de todo, buscamos jabón para la ropa mister chispa pero no encontramos, igual no perdemos la esperanza. De nuevo se repite el esquema, sushi de descuento para pablo, pasta para mí.
Cenamos con Kiyoko hablando de muchas cosas, ya la queremos un montón, nos hace dos o tres mapas más, nos recomienda lugares, planeamos el recorrido de mañana. Mientras, su gata de 19 años duerme en el sillón (la gata más suave que acariciamos alguna vez! increíble!).
Antes de irnos a dormir le hacemos entrega de unos alfajores que le trajimos, está feliz, le encantan los dulces y nos agradece con reverencias que casi tocan el piso. Sería lindo abrazarla, pero hacemos reverencias también.
Oyasuminasaaaaiiiii y nos vamos a la cama felices de sentirnos en un hogar japonés de verdad.
Hermoso todo ♥
ResponderEliminarCada post es mejor que el otro! Besos desde Praga.
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