sábado, 22 de marzo de 2014

Día 18 – Kamakura, playa, enemigos al acecho y un poco de Akihabara.



Anoche decidimos dedicar el día de hoy a visitar Kamakura, una ciudad cercana con ayuda del tren, que tiene muchos templos (para variar) y también playa y mar. Cuando llegamos, lo primero que encontramos es un lugar que vende merchandising de Ghibli, y aunque no compramos nada en el museo mismo del estudio, cada vez que vemos uno de estos lugares no nos podemos resistir, todos tienen básicamente lo mismo, pero cada uno siempre cuenta con algún producto que no habíamos visto antes. Con una pequeña bolsita de felicidad seguimos camino.
 Hoy es feriado y Kamakura es un lugar turístico así que hay bastante gente, todos tomamos el mismo camino y la sensación es más de vacaciones que nunca. Recorremos las calles principales mirando locales con recuerdos del lugar y galletitas con formas de Buddha. Llegamos al Templo Tsuragaoka Hachimangu. Cabe aclarar que hacemos esta escapada sin expectativas previas, sabemos que en Kamakura hay un Buddha grande de bronce y nada más, aparte de eso ya estamos algo saturados de templos, pero siempre están ahí y si no hay que pagar entrada no le vamos a escapar al paseo.
En la puerta del templo tenemos la suerte de ver una pareja que se casa, con ropas tradicionales del ritual sintoísta.

 El templo es hermoso, tiene muchos edificos rodeados de parque, se pueden recorrer numerosos caminos y hay plantas y cosas hermosas por todos lados. Además, cosas rara porque desde que llegamos no vemos más que cuervos, hay palomas! Y más raro aún: hay unas cuantas palomas blancas, como las de los magos, la gente les saca fotos.

Nos tomamos un rato largo para recorrer el lugar con la alegría que da la sorpresa de volver a encontrar la belleza del Japón más tradicional en un paseo que decidimos hacer si mucho pensar.

Dejamos el templo y volvemos a la avenida, en dirección al mar. Cuando llegamos dos pensamientos aparecen en nuestras mentes: “Ahora sí que son vacaciones completas” y “Qué onda todos estos pájaros gigantes que nos rondan en la altura??”


Hay sol y en el mar hay mucha gente surfeando, en la playa, unas cuantas personas disfrutando la vista, en la arena algunos cuervos, en el aire muchísimas aves rapaces de tamaño considerable. Nos sentamos a retozar al sol, que dura poco porque enseguida se nubla y nos disponemos a comer los tentempiés que compramos en el camino en un supermercadito. Mientras yo consumo unas papas fritas sabor crema y verdeo, Pablo disfruta de unos onigiris que dice que están bastante bien. A mitad del segundo (el más rico, según él) uno de los mentados pájaros desciende de los cielos y le arrebata el onigiri de la mano con una precisión sorprendente.

Estamos anonadados. Qué es esto? Cómo es posible que en un país tan civilizado como este uno pueda verse atacado por un animal salvaje de esta manera?? Cómo es posible que no haya carteles que adviertan sobre el peligro que uno corre??

Terminamos lo que nos queda de la comida vigilando nuestro espacio aéreo, y bastante apurados, y reemprendemos la caminata.

Enseguida vemos no uno, sino dos carteles que advierten claramente sobre el peligro que significan los HALCONES en la playa. Y bueno, qué va a ser, no los habíamos visto.


El camino turístico nos lleva al templo Kotoku-in, donde sí hay que pagar entrada, es la estrella de Kamakura así que hay que entrar. Después de ver el Buddha gigante del Nara, uno pensaría que ya no hay mucho más por decir al respecto, sin embargo, el Daibutsu de bronce, mucho más sobrio, cercano y en contacto con la naturaleza; la sensación es completamente diferente, otra grata sorpresa que nos depara el paseo.


Recorremos también este templo, aprovechamos para entrar al Buddha, si sí, eso mismo, subir una escalerita y ver el interior de la estatua, las uniones de las placas de bronce, el trabajo artesanal hecho por los constructores; y después seguimos paseando. En los árboles del jardín, hay ardillas.
El buddha por dentro
 

De nuevo en la calle nos compramos unos  Kebab Dogs (relleno de Kebbab, metido en pan de pancho) en un localcito mínimo sobre la calle. Cuando estoy señalándole lo que queremos a la señora que toma los pedidos, el señor que los hace, sale de la cocina diciéndome “Tiene que elegir una salsa: puede ser original, chilly, mix o de ajo” en Español!!! Elijo, y mientras los prepara me pregunta de dónde somos, es súper simpático y se hace imposible adivinar de dónde es él! Después de decirnos muchas gracias varias veces, salimos a consumir la novedad culinaria mientras caminamos por las callecitas no turísticas de Kamakura. Punto para el pancho kebab, una idea simple, barata y rica (algo no tan común por acá).
Un coso que no entendimos, pero se prestó para la foto

Volviendo para la estación, encontramos un local de esos que venden donas decoradas súper chulamente y nos compramos dos, una con un especie de crocante arriba y otra con cara de gato, por supuesto.   

Caminamos y comemos, hay un local que vende telas, así que me detengo a ver, porque todavía tengo esperanzas de llevarme un mejor recuerdo textil de Japón, y cuando paro, para decirle a Pablo que voy a pasar a ver, él se da vuelta y me grita “Guarda!”, acto seguido todo lo que recuerdo es una sombra negra, un dolor en la mano y bastante bastante miedo. Sí, yo también fui atacada por un halcón, pero como buena golosa no abandoné mi comida así que se fue sin conseguir nada. Nada más que rasparme la mano y darme un susto del que me toma un rato recuperarme.

Fin del asunto, ya fue demasiado de esta ciudad, que al margen de los pájaros, dignos de un relato de Hitchkock, nos ha dejado una hermosa impresión, con sus hermosas casitas, sus callecitas, su playa y su buddha.

Viaje de vuelta en tren y nos bajamos en Akihabara, para volver a apreciar este barrio tan característico de Tokyo (fuimos el día que llegamos a Japón, pero el cansancio del viaje no nos permitió disfrutar demasiado). 
Nos perdemos por sus calles, entramos a muchos locales llenos de mangas y todo tipo de muñecos, visitamos Don quijote, una tienda  que vende de todo, al estilo Tokyu hands pero mucho más desordenado y sacamos un par de juguetes de esas máquinas que te dan una pelota con un contenido X, a cambio de algunas monedas.
Algunos disfraces en Don Quijote
 
 Reflexionando, ahora sí que se completó el viaje (y todavía quedan dos días!!), ya vimos nieve, mucha nieve, tuvimos muchísimo frío, caminamos bajo la lluvia y hoy fuimos a la playa. Anduvimos en: Avión, incontables trenes, subtes, colectivos, dos teleféricos, un ferry y botePato!  Parece que en Japón, todo es posible.

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