Anoche decidimos dedicar el día
de hoy a visitar Kamakura, una ciudad cercana con ayuda del tren, que tiene
muchos templos (para variar) y también playa y mar. Cuando llegamos, lo primero
que encontramos es un lugar que vende merchandising de Ghibli, y aunque no compramos
nada en el museo mismo del estudio, cada vez que vemos uno de estos lugares no
nos podemos resistir, todos tienen básicamente lo mismo, pero cada uno siempre
cuenta con algún producto que no habíamos visto antes. Con una pequeña bolsita
de felicidad seguimos camino.
Hoy es feriado y Kamakura es un
lugar turístico así que hay bastante gente, todos tomamos el mismo camino y la
sensación es más de vacaciones que nunca. Recorremos las calles principales
mirando locales con recuerdos del lugar y galletitas con formas de Buddha.
Llegamos al Templo Tsuragaoka Hachimangu. Cabe aclarar que hacemos esta
escapada sin expectativas previas, sabemos que en Kamakura hay un Buddha grande
de bronce y nada más, aparte de eso ya estamos algo saturados de templos, pero
siempre están ahí y si no hay que pagar entrada no le vamos a escapar al paseo.
En la puerta del templo tenemos
la suerte de ver una pareja que se casa, con ropas tradicionales del ritual
sintoísta.
El templo es hermoso, tiene muchos edificos rodeados de parque, se pueden
recorrer numerosos caminos y hay plantas y cosas hermosas por todos lados.
Además, cosas rara porque desde que llegamos no vemos más que cuervos, hay
palomas! Y más raro aún: hay unas cuantas palomas blancas, como las de los
magos, la gente les saca fotos.
Nos tomamos un rato largo para
recorrer el lugar con la alegría que da la sorpresa de volver a encontrar la
belleza del Japón más tradicional en un paseo que decidimos hacer si mucho
pensar.
Dejamos el templo y volvemos a la
avenida, en dirección al mar. Cuando llegamos dos pensamientos aparecen en
nuestras mentes: “Ahora sí que son vacaciones completas” y “Qué onda todos
estos pájaros gigantes que nos rondan en la altura??”
Hay sol y en el mar hay mucha
gente surfeando, en la playa, unas cuantas personas disfrutando la vista, en la
arena algunos cuervos, en el aire muchísimas aves rapaces de tamaño
considerable. Nos sentamos a retozar al sol, que dura poco porque enseguida se
nubla y nos disponemos a comer los tentempiés que compramos en el camino en un
supermercadito. Mientras yo consumo unas papas fritas sabor crema y verdeo,
Pablo disfruta de unos onigiris que dice que están bastante bien. A mitad del
segundo (el más rico, según él) uno de los mentados pájaros desciende de los
cielos y le arrebata el onigiri de la mano con una precisión sorprendente.
Estamos anonadados. Qué es esto?
Cómo es posible que en un país tan civilizado como este uno pueda verse atacado
por un animal salvaje de esta manera?? Cómo es posible que no haya carteles que
adviertan sobre el peligro que uno corre??
Terminamos lo que nos queda de la
comida vigilando nuestro espacio aéreo, y bastante apurados, y reemprendemos la
caminata.
Enseguida vemos no uno, sino dos
carteles que advierten claramente sobre el peligro que significan los HALCONES
en la playa. Y bueno, qué va a ser, no los habíamos visto.
El camino turístico nos lleva al
templo Kotoku-in, donde sí hay que pagar entrada, es la estrella de Kamakura
así que hay que entrar. Después de ver el Buddha gigante del Nara, uno pensaría
que ya no hay mucho más por decir al respecto, sin embargo, el Daibutsu de
bronce, mucho más sobrio, cercano y en contacto con la naturaleza; la sensación
es completamente diferente, otra grata sorpresa que nos depara el paseo.
Recorremos también este templo,
aprovechamos para entrar al Buddha, si sí, eso mismo, subir una escalerita y
ver el interior de la estatua, las uniones de las placas de bronce, el trabajo
artesanal hecho por los constructores; y después seguimos paseando. En los
árboles del jardín, hay ardillas.
| El buddha por dentro |
De nuevo en la calle nos
compramos unos Kebab Dogs (relleno de
Kebbab, metido en pan de pancho) en un localcito mínimo sobre la calle. Cuando
estoy señalándole lo que queremos a la señora que toma los pedidos, el señor que
los hace, sale de la cocina diciéndome “Tiene que elegir una salsa: puede ser
original, chilly, mix o de ajo” en Español!!! Elijo, y mientras los prepara me
pregunta de dónde somos, es súper simpático y se hace imposible adivinar de
dónde es él! Después de decirnos muchas gracias varias veces, salimos a
consumir la novedad culinaria mientras caminamos por las callecitas no
turísticas de Kamakura. Punto para el pancho kebab, una idea simple, barata y
rica (algo no tan común por acá).
| Un coso que no entendimos, pero se prestó para la foto |
Volviendo para la estación,
encontramos un local de esos que venden donas decoradas súper chulamente y nos
compramos dos, una con un especie de crocante arriba y otra con cara de gato,
por supuesto.
Caminamos y comemos, hay
un local que vende telas, así que me detengo a ver, porque todavía tengo
esperanzas de llevarme un mejor recuerdo textil de Japón, y cuando paro, para
decirle a Pablo que voy a pasar a ver, él se da vuelta y me grita “Guarda!”,
acto seguido todo lo que recuerdo es una sombra negra, un dolor en la mano y bastante
bastante miedo. Sí, yo también fui atacada por un halcón, pero como buena
golosa no abandoné mi comida así que se fue sin conseguir nada. Nada más que
rasparme la mano y darme un susto del que me toma un rato recuperarme.
Fin del asunto, ya fue demasiado
de esta ciudad, que al margen de los pájaros, dignos de un relato de Hitchkock,
nos ha dejado una hermosa impresión, con sus hermosas casitas, sus callecitas,
su playa y su buddha.
Viaje de vuelta en tren y nos
bajamos en Akihabara, para volver a apreciar este barrio tan característico de
Tokyo (fuimos el día que llegamos a Japón, pero el cansancio del viaje no nos
permitió disfrutar demasiado).
Nos perdemos por sus calles, entramos a muchos
locales llenos de mangas y todo tipo de muñecos, visitamos Don quijote, una tienda que vende de todo, al estilo Tokyu hands pero
mucho más desordenado y sacamos un par de juguetes de esas máquinas que te dan
una pelota con un contenido X, a cambio de algunas monedas.
| Algunos disfraces en Don Quijote |
Reflexionando, ahora sí que se
completó el viaje (y todavía quedan dos días!!), ya vimos nieve, mucha nieve,
tuvimos muchísimo frío, caminamos bajo la lluvia y hoy fuimos a la playa.
Anduvimos en: Avión, incontables trenes, subtes, colectivos, dos teleféricos,
un ferry y botePato! Parece que en
Japón, todo es posible.
Me encantan las fotos!
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